El rebaño bala con admiración y obediencia



El adoctrinado rebaño

Prácticamente todos los sistemas educativos del mundo están basados en la obtención de conocimientos académicos premiados mediante la obtención de buenas notas, y castigados con malas puntuaciones o suspensos. Enseñan en mayor o menor medida lo que hace más de un siglo se determinó que era el conocimiento que cualquier ciudadano integrado en la sociedad debía tener, y en esta recopilación del 'buen saber' se dio mucha más importancia al conocimiento técnico que al conocimiento humanístico; es mejor que un ciudadano sepa hacer operaciones aritméticas a gran velocidad, frente a que conozca en detalle el pensamiento o la historia de los últimos siglos. Es mejor tener ciudadanos sumisos, que puedan ser fácilmente manejados por los hilos del poder, a tener ciudadanos contestatarios, que cuestionen de forma sistemática lo correcto y lo incorrecto. Es mejor tener ciudadanos que acaten las normas sin pensar, que no, tener ciudadanos que cuestionen el poder y la forma en que se les gobierna.

Así pues los sistemas educativos se diseñaron para modelar a los niños, futuros ciudadanos, bajo 3 parámetros:
  • Futuras máquinas productivas
  • Futuros ciudadanos dóciles y manejables
  • Futuros ciudadanos obedientes
A partir de estas premisas, se establece un sistema educativo con una serie de condicionantes y su propia escala de valores. El decálogo para ser un buen alumno podría ser este:
  1. Buenas aptitudes para el cálculo matemático
  2. Buena memoria
  3. Buena capacidad en expresión y comprensión lingüística
  4. Competitividad
  5. Individualismo
  6. Pulcritud
  7. Obediencia; no cuestionar las normas
  8. Respeto incondicional a la autoridad
  9. Falta de iniciativa, inexistencia de ideas novedosas que impliquen cambios
  10. No exponer abiertamente ideas propias que no se ajusten a las normas
El sistema sólo prima las aptitudes o modelos de inteligencia que suponen un plus en la creación sistemática de ciudadanos productivos. La inteligencia artística, emocional o deportiva, no obtienen una prima en nuestro sistema educativo. No se potencian y no se premia a los alumnos con estas aptitudes. Es más, en los insidiosos test de inteligencia a los que se somete a todos los alumnos de secundaria, sólo se valora y puntúa el tipo de inteligencia que busca el sistema, el resto es despreciado y en consecuencia en lugar de un premio a través de un alto IQ, obtienen un castigo, con un IQ no apto para los estándares sociales.

El modelo de premio y castigo está intrínsecamente ligado con la competitividad. Se premia al alumno que cumple el decálogo, se le premia en público, para que sirva de castigo al resto del aula. La comparación se filtra en los esquemas de comportamiento de los niños. Uno no es bueno por sí mismo, sino por lo malo o mediocres que son los demás. No se busca el crecimiento personal, sino establecer un modelo de crítica comparativa entre compañeros, un modelo que les sirva de referencia en el futuro; ser mejor que los que les rodean y conseguir un premio público que constate el triunfo, frente al fracaso de otros.

El individualismo es otra de las características de la sociedad del consumo. Como cualquier comportamiento adquirido, cuánto antes entre a formar parte de la personalidad, más arraigado estará. En las aulas se fomenta el individualismo en el trabajo, frente a la cooperación y a la solidaridad. De nuevo el premio-castigo y la comparación entre los alumnos, deriva en un comportamiento individualista. Si un alumno ayuda a otro a conseguir un objetivo, el premio será compartido, y tendrá un sabor agridulce, pues pierde el protagonismo.

La pulcritud está ligada a la imagen personal, al culto al cuerpo, a la belleza y al orden exterior. Aun cumpliendo el resto del decálogo, un alumno que no sea pulcro, no obtendrá nunca recompensas del sistema, ni lo hará un adulto con una imagen no adecuada a los estándares de la cambiante moda.

La obediencia y el respeto son pilares básicos para el control de la sociedad. La obediencia ciega a esas normas que existían antes incluso de nacer el alumno, la obediencia a las leyes que el ciudadano nunca votó, pero que protegen al individuo y salvaguardan el buen funcionamiento social y de grupo. Aquellos que implantaron las normas, aquellos que votaron las leyes, son entes superiores a los que se debe respetar, y que habitualmente están por encima de las normas que ellos mismos dictaron, ya que en su infinita sabiduría se eximieron de su cumplimiento. A los que se debe respecto y obediencia no necesitan reglas que marquen y delimiten su comportamiento. Ellos dictan, y el rebaño bala con admiración y obediencia. Esa lección es la más importante de nuestro sistema educativo.

Por último y para fomentar la imperante hipocresía de nuestra sociedad, el alumno nunca es incentivado y premiado por exponer ideas ajenas al pensamiento común. Lo estándar, lo ya probado, lo convencional, es lo que se espera de cada uno de los alumnos. Se les ahoga en la mediocridad y se corta las alas a cualquier atisbo de originalidad y creatividad. La innovación no va unidad a la recompensa, no así la repetición y velocidad de la reiteración, que siempre consiguen el premio del sistema. Se buscan ciudadanos productivos, no creativos. Y se espera que los resultados de los arrebatos de creatividad, se escondan hondo en el corazón y no se compartan con el resto, no fuera a ser que esa creatividad hubiese llevado al alumno o al ciudadano más allá de los límites de su propio corral y pudiese abrir una puerta a un espacio de libertad.

Gracias a las innovaciones tecnológicas de las últimas décadas del siglo XX, la industria ha ido necesitando ciudadanos menos capacitados para los procesos productivos. El valor añadido de los trabajadores, queda circunscrito a un pequeño círculo elitista, que organiza y define los procesos, para que sean automatizados en su mayor parte. Las áreas no automatizadas no requieren personal excesivamente cualificado, lo que permite a la industria tener rotación alta en su plantilla y formar a cualquier trabajador en un tiempo reducido.

Este cambio en la industria de finales del siglo XX, se ha visto reflejado en los sistemas educativos. Los gobiernos han dado más peso en las aulas, a la formación de futuros ciudadanos dúctiles y obedientes, que a la formación de ciudadanos productivos. Así, el nivel de enseñanza técnica, la capacidad memorística y el correcto conocimiento y comprensión de una lengua, han pasado a ser los penúltimos de la lista, primando el sistema, el adoctrinamiento de los alumnos en la propia trampa social.

Se han incluido materias como 'Educación para la ciudadanía' y se ha eliminado prácticamente en su totalidad la 'Filosofía'. El sistema busca buenos ciudadanos, no buenos pensadores. Da igual si apenas saben escribir correctamente en su idioma, o si su cultura general está en niveles inaceptables, o si para multiplicar necesitan una calculadora. Lo importante es que no sean ciudadanos conflictivos, que acaten las leyes, trabajen, consuman, paguen religiosamente sus impuestos, se reproduzcan según las necesidades del crecimiento o decrecimiento de la pirámide población, y recuerden la lección más importante de su época escolar:


Los que están en el poder dictan, y el rebaño bala con admiración y obediencia.


6 comentarios:

  1. Beeee, Beeee.Totalmente de acuerdo con el análisis.
    En mi opinión, y sin olvidar las ciencias que son fundamentales para el desarrollo tecnológico de nuestra civilización, deberíamos patrocinar más las humanidades y las ciencias naturales (hoy "cono") dentro del sistema educativo.
    Disciplinas como por ejemplo la psicología, la filosofía, la biología, conocimiento de expresiones artísticas o la historia, por las que pasan "de refilón" todos nuestros planes, hacen crecer el valor intrínseco del ser humano. La explicación y conocimiento de estas disciplinas es perfectamente adaptable a planes de estudio que se pueden impartir desde que el niño aprende a leer. El entendimiento de la historia le hará conocer cuáles son sus orígenes y reconocer los éxitos y errores de los que nos precedieron. Desarrollará su capacidad crítica para analizar porqué desaparecieron unas civilizaciones y triunfaron otras (normalmente más básicas), al mismo tiempo que podrá ir formando su propia opinión sobre la evolución de los dirigentes, los sistemas políticos, las religiones .... etc. La psicología facilita el análisis de los comportamientos humanos, con base en el estudio de conductas que se reiteran en función de determinados patrones. Conocimientos en esta disciplina ayudan al estudiante en su interrelación con los demás, facilitando el entendimiento y comprensión de determinadas formas de proceder del entorno que les rodea.
    La filosofía desarrollará su capacidad de analizar lo que otros estudiaron sobre asuntos existenciales del ser humano referentes a la ética, la moral, la verdad, la política, dotándole de los conocimientos necesarios para potenciar su propia capacidad para analizar y crear su propia opinión sobre la evolución de los valores del ser humano.
    La biología y la ecología les enseñarán a valorar y entender la importancia de observar al hombre como un elemento más dentro del ecosistema del que forma parte, haciéndoles entender la necesidad de mantener el mismo para garantizar su propia subsistencia.
    El conocimiento del arte, les podría mostrar diferentes formas de expresión en música, pintura, escultura y fotografía a lo largo de la historia, con marcado acento en el arte contemporáneo para conocer las diferentes tendencias de expresión artística que se viven en el momento.
    Al mismo tiempo que se van conociendo y digiriendo este tipo de disciplinas, es perfectamente compatible que se impartan también conocimientos técnicos sobre las ciencias, pero tratando de adelantar en el tiempo - en la medida de lo posible - la especialización en las materias para las que cada estudiante muestre más interés.
    De otra forma, seguiremos donde estamos: enorme fracaso escolar, falta de motivación académica, incapacidad para comunicarse, ausencia total del trabajo en equipo, exceso de competitividad, desigualdad entre iguales, veneración del materialismo más supino, superficialidad absoluta en la valoración de las cosas, falta de creatividad ... etc .
    Bee, beee, beeeee.

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  2. Brillante exposición de la mayor lacra de la sociedad actual. El sistema educativo es un fracaso, de hecho, el 40 % de los estudiantes no terminan la educación obligatoria, además, luego no encuentran trabajo.

    Estoy de acuerdo en todas las reflexiones que hacéis. A parte, me gustaría introducir otros dos parámetros en el análisis:

    - los profesores no están suficientemente valorados por la sociedad, es más, casi todo lo contrario, lo cual repercute en su motivación

    - creo que los niños pasan demasiado tiempo en el colegio, que se han convertido en guarderías mientras los papas se ganan el sustento

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  3. ‎100% de acuerdo. Heredamos aún el paradigma del sistema escolástico de hace más de 700 años, donde la escuela es un interfaz unidireccional entre el "saber" y el alumno. No se provoca el diálogo ni la participación, se castiga la equivocación y se premia únicamente la aprehensión adecuada del conocimiento impartido, sin importar el crecimiento personal ni facilitar el proceso madurativo de los escolares como seres humanos. Qué triste.

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  4. La sociedad no valora a los profesores, porque no valora la educación. hace dos o tres generaciones aun había un nivel de analfabetismo alto en España, lo que hizo que los padres, promovieran los estudios de sus hijos, y apoyaran a los educadores y a las instituciones escolares, hasta límites excesivos.

    A medida que la sociedad adquirió conocimientos, comenzó a valorarlos menos y con ello a menospreciar a los profesores, con una dualidad curiosa, y es el menosprecio absoluto a los profesores, pero la pretensión de que sean esos profesores los que eduquen a sus hijos de forma integral (valores, conocimientos, ética, moral, modales, estilo, ...).

    Muchos padres se han desentendido absolutamente de la educación de sus hijos (que no sólo es saber leer, escribir, sumar y obedecer). Las familias han dejado en buena medida de inculcar valores éticos y morales a sus hijos, y han delegado esta función en los colegios, lo que considero que es un error.

    Es más creo, que los niños deberían ir muchas menos horas al colegio, y recibir de sus padres una educación complementaria a la que reciben fuera, si no la totalidad de la educación, pero en España, esa práctica, conocida con el nombre de 'homeschooling' está prohibida por ley.

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  5. este último comentario de Ayrun es el que da en el clavo con la situación: en España la gente no tiene hijos, los "cometen" como los crímenes
    y, también, como si fueran un problema, los aparcan...
    eso es porque, de paso, no saben que los problemas no se aparcan: se solucionan o se enquistan
    en cuanto a los hijos, la generación brillante y líder del futuro saldrá del homeschooling impartido por padres comprometidos con SU propia vida y, de paso, la de su descendencia

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  6. La clave del desarrollo crativo es la divergencia de pensamiento. La uniformidad de pensamiento solo lleva al borreguismo que denunciais.

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