Por una economía en RED



Una red es una serie de nodos unidos que interactuan entre ellos. El ejemplo más sencillo es una red informática, una serie de ordenadores unidos entre ellos. Una red se puede montar de varias formas posibles, siendo la más compleja, la red distribuida, la más eficiente y resiliente, los dos factores que configuran según la teoría de los sistemas complejos, las claves de la supervivencia de un ecosistema.

El actual sistema económico es un sistema complejo eficiente, pero no resiliente, debido a que pequeñas perturbaciones en cualquiera de sus factores afectan a toda la economía mundial, provocando efectos inesperados muchas veces. Desde las crisis financieras que se extienden en el mundo globalizado a la velocidad de la luz a las crisis alimentarias, por las variaciones de los precios de las materias primas en los mercados organizados, el ecosistema económico imperante desde hace 300 años, el capitalismo globalizado, necesita una evolución, que será obligatoria, probablemente a corto plazo si se concreta el cataclismo en los mercados financieros o en un período más a medio plazo, mediante la evolución obligatoria que va a experimentar el sistema.

La clave del cambio de ecosistema, de la innovación social, es crear un sistema que permita ganar en eficiencia y resiliencia, considerando las relaciones sociales y económicas como un sistema complejo, que distribuirá esas relaciones en múltiples nodos interconectados, descentralizando las corruptas relaciones centralizadas de la globalización.

Los nodos emergentes del nuevo ecosistema están naciendo de forma espontánea en diferentes lugares del planeta y se multiplican a velocidades geométricas. Son organizaciones comunitarias, de personas que por proximidad, afinidad o ambas, deliberan en común hacia la definición de una identidad y unos principios organizativos, al darse cuenta que el estado no les proporciona adecuadamente los servicios que ellos demandan o la negación a pagar la plusvalía que requieren las grandes corporaciones en los productos o servicios que venden bajo una ética casi siempre cuestionable.

La comunidad que emerge por proximidad estructura bancos de tiempo, mercados de trueque, asociaciones de compra conjunta, comienzan a organizar fuera del sistema el trabajo (que no el empleo) de su comunidad, desde los trabajos relacionados con la dependencia, la educación, hasta la seguridad, producen y comercializan sus propios alimentos, incluso generan su propia fuerza de fabricación de los productos que necesitan. La localización económica y el medioambientalismo aparecen junto a la comunidad como oportunidades de cambio, haciendo a la comunidad más eficiente, más resiliente y devolviéndola la capacidad de tener relaciones más humanas, basadas en la cooperación y no en la competencia. Si los vínculos entre los miembros de comunidad son fuertes, serán capaces de cubrir buena parte de sus necesidades primarias, sin tener que acudir a un estado en decadencia, corrupto e ineficaz, ni a las grandes corporaciones cuyo único objetivo es maximizar un beneficio, y por tanto, trasladar al mercado el mayor margen posible.

Este tipo de organización está extendiéndose como la pólvora, en América y Europa principalmente, por la facilidad de implementación y las inmediatas y evidentes ventajas que le producen a las comunidades. Cuantos mas servicios y productos por la economía comunitaria local, más plusvalía queda en la comunidad haciéndola fuerte, asegurando el bienestar entre sus miembros y protegiéndoles de las crisis sistémicas que nos rodean.

La comunidad fuerte, puede crear su propia moneda que servirá para ganar en eficiencia en las relaciones económicas de la comunidad y le permitirá acceder al mercado global, multiplicando su productividad y eficiencia. Con cuantos más nodos o comunidades sea capaz de interactuar, mayor será su generación de riqueza, no solo económica si no también de intercambio de conocimiento, algo que le permitirá participar en el desarrollo global de la sociedad del conocimiento, asentado en los principios de la economía de fuente abierto, donde cada nodo vuelca sus innovaciones en la red, beneficiándose así todo el mundo de la puesta en común de la investigación y desarrollo.

Surgen también comunidades por afinidad, muchas de ellas generadas de forma expontánea en las conversaciones en la red. Las combinaciones se convierten en infinitas. Desde las 100.000 personas que se estima pueden ganarse la vida comprando y vendiendo productos en el ecosistema económico de Ebay, hasta las plataformas de intercambio de trabajo tipo Superfluid o Ripley. Con este esquema puede coexistir la interacción de una comunidad local con todo tipo de comunidades virtuales y transnacionales, retroalimentándose y generando una red de relaciones sustentadas en la afinidad y el deseo de compartir.

Ante el pensamiento único y la extensión de una única cultura, la del consumismo con su falsa ilusión de felicidad, eclosiona en un planteamiento basado en la diversidad, la libertad de elección sobre con quien y como interactuamos a nivel económico y social, integrándose ambos conceptos como un todo que marca el objetivo existencial de una comunidad, que en cierto modo se parece a las organizaciones tribales de las culturas mal denominadas como primitivas. Un tribu que se convierte en cibernética, al poder relacionarse con el mundo a través de máquinas y tecnología que la hace crecer en conocimiento, eficiencia y resiliencia.

El cambio ya se he producido. Venturada ¡ libre! es un experimento de cambio social y se convierte en la metáfora de una comunidad que puede surgir en cualquier lugar, en una búsqueda de un estado de libertad en la que cada persona pueda crear su propia forma de vida en función de sus ideales y forma de entender la existencia.





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